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DISTANCIA

13 may 2019
2 min de lectura

Durante parte de mi vida me enseñaron a medirla, calcularla, recorrerla... pero nunca imaginé el significado que lograría tener.


La distancia puede ser la mejor o peor compañera. A distancia podemos tener tanto, todo lo que nos representa, lo que amamos o extrañamos.

A distancia se puede acompañar, abrazar, amar, estar; pero también puede significar sacrificio, entrega, soledad, depresión, miedo.


Para mí se ha convertido en maestra.


Me ha enseñado a ser paciente (siempre creí que lo era, pero qué equivocada estaba! ) me ha enseñado a soltar, a que se puede estar de otra forma que no sea la física, me ha enseñado que para algunas personas si no estas físicamente en sus vidas no figuras, a apreciar a muchas otras que si están, a darme cuenta de lo que significa tener un sentido de pertenencia, a extrañar a mi país y mi gente.


A distancia aprendí que mi país tiene tanto que a veces daba por sentado: que la gente es cálida y nuestro sentido del humor es único, a extrañar el buenos días que solemos decir por la mañana al llegar a algún lugar, el exclamar: provecho! al retirarme de un restaurante o comida, aprendí que claro que los tacos nunca saben mejor que en México (ni las salsas), que las jacarandás en primavera no tienen comparación, que las carnes asadas con amigos que terminen en canciones de Juan Gabriel y pláticas para solucionar el mundo son invaluables, que el sonido del panadero en las mañanas o el de los elotes en las tardes es único, que nuestra gastronomía es incomparable y tener frutas y verduras siempre frescas del mercado es una bendición, que los tianguis o mercados son irremplazables, que México tiene tanta historia, como belleza natural y que no tenemos nada que pedirle a otro país.


A experimentar un orgullo impresionante cada vez que escucho el Himno Nacional Mexicano, a que una lágrima se me salga cuando escucho "cielito lindo" o cualquier canción que me recuerde a México porque de pronto tienen un significado muy diferente y sientes algo que te apachurra un poco el corazón.


A distancia aprendí a valorar mucho más las largas pláticas con mis amigos, las comidas y pláticas interminables con mi familia, la recibida de mis perros cada vez que me ven, un abrazo de mis papás, una plática con mi hermana, los cafés que tardamos horas en organizar con mis amigas, la vida que da convivir con los sobrinos, el saludo de los vecinos por la mañana antes de ir al trabajo, apreciar lo no material.


También he aprendido a vivir de diferente forma, a que las ausencias son sólo físicas y llegar a apreciarlas, a vivir nuevas cosas, a que los recuerdos siempre están, aprendí que hay amigos a los que nada logra separar, que a través de un mensaje, llamada, logran estar, y muchos otros que prefieren alejarse por completo y también agradezco eso.


La distancia la veía como enemiga pero se convirtió en mi gran maestra y compañera, creo que me ha hecho más valiente y agradecida, me ha aterrizado en una realidad en la que no todos los días soy igual de fuerte, en la que me visto muy vulnerable, pero que día a día construyo una nueva vida.



 
 
 

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