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¡Hola Ansiedad!

3 mar 2020
4 min de lectura

Llegaste un día mostrándote como una sensación de no poder respirar, de agobio, de perdida total al control de mi mente, fuiste tan pero tan radical que llegué a pensar que me iba a morir.

Decidiste llegar un día que estaba en la calle caminando sola, en el que tuve que pararme al lado de tanta gente pasando junto a mi, y sin saber qué hacer, ahí con un ataque de pánico presionando mi corazón y al borde de las lagrimas. Pero justo cuando el mundo se me cerraba tuve alguien que me ayudó en ese momento y estuvo conmigo hasta que pasara. (A esa señora le agradeceré siempre).


También decidiste manifestarte en insomnio, supiste mis miedos más profundos y justo cuando iba a caer dormida, decidías mostrarlos tan tangibles, tan reales, que aún con mi esposo al lado me sentía sola y con sensación de caer en vacío, sin poder sujetarme de nada, sin poder gritar, pedir ayuda.

Vaya... ¡lograste entrar en lo más profundo de mí!


Al principio te dejé estar sin pagar renta, te instalaste durante unos días que se volvieron meses, en los que mi cansancio extremo, mis cambiantes estados de ánimo y mis cero ganas de estar sola se intensificaban con el tiempo.

Te dejé alejarme de lo que me gustaba hacer: no me daban ganas de escribir ni leer, no me sentía capaz de sacar a Bowie a pasear yo sola, no podía estar en lugares con muchas personas; eso me volvía loca y con una ansiedad terrible, no quería salir de la casa, y me volví intolerante con todo y todos.

Mis fobias se intensificaron contigo, les diste permiso para atormentarme o más bien, les dí permiso.


Te reconozco persistente, a pesar de que creía evitarte escuchando música fuerte, viendo la televisión, o mantenerme ocupada, lograbas estar ahí.


Cuando sentía que ya no podía más, porque eres como esa relación tóxica que no nos deja avanzar y que gracias a ti, llegué a un punto de no reconocerme... eso creo que puede ser de lo más doloroso y horrible que me ha pasado, justo en ese tiempo llegué de nuevo a terapia, una terapia distinta.

Me hizo afrontarme así tal cuál, abrirme, abrir esa caja de pandora y hacerme consciente, de todo lo que había guardado, callado, bloqueado, de cerrar procesos y ciclos que ni siquiera hacía conscientes. ¡No tienes idea del trabajo que me ha costado y de todo lo que he dejado a un lado para estar bien!


Pero; así de horrible como eres, también despertaste otro lado en mí, me enseñaste a conocerme más; al aceptarte y abrir esa caja de pandora, algo que estaba muy enterrado dentro de mí; mis miedos, inseguridades, temor más enterrados, algunos de ellos hasta desconocidos, algunos heredados... heredados ¡qué cosa más reveladora!.


Eres un trabajo de todos los días, con sus altibajos como todo, eres una voz difícil de tener callada en muchas ocasiones, eres una constante, pero al final de todo eres dependiente de mí, y la verdad ya me cansé de que vivas en mí y no estés pagando renta.


Así que aprendí a abrirme, afrontar.

Hablé con mis papás de tanto que había guardado, aprendí a perdonar a mis papás biológicos por el abandono y por todo lo que sin querer me habían heredado... uff eso sí que ha sido trabajo y dolor! Pero estoy logrando convertirlo en paz y agradecimiento.


Aprendí a decir: hoy no estoy bien, hoy no puedo, hoy no quiero, sin que me sintiera mal ni culpable.

Aprendí a que mi esposo es mi aliado y a dejarlo ser parte de como me siento día a día.

Aprendí a hablar con mis amigos y familia de ti, decirles que seguramente con lo tóxica que eres logras manifestarte en otras formas que ellos pueden identificar y tal vez vives en ellos también y que está bien, sólo tenemos que dejar de bloquearte y reconocerte para saber lidiar contigo, no normalizar el no estar bien ni en paz.


Me hiciste vulnerable, así... vulnerable desde lo más profundo de mí ser, desde lo más profundo de mi sentir, de mi consciencia, y eso tengo que agradecértelo, gracias a ti ahora trabajo en mí y para mí.


Con el tiempo he aprendido que vas a vivir conmigo, a veces te harás tan presente que será muy difícil no notarte, a veces sólo pensaré en ti por un momento y seguiré, pero ya no dejaré me ganes, el control lo tengo yo y sólo yo.


También reconozco que ahora hablo de ti, ya no te guardo en secreto y me he dado cuenta que el compartir cómo me siento y hacerle saber a los que te conocemos que no eres tan invencible como crees, porque te vemos tan poderosa que nuestra mente se ve nublada, nuestros miedos nos ganan y las inseguridades rondan nuestra mente, pero sí logramos ponerte en off, todo cambia.


Y bueno ansiedad, eres un contrincante silencioso y difícil pero no imposible, llegaste como ola de mar a revolcarme, meterme a lo más profundo y sacudirme toda, pero también eso pasa, todo pasa. Me enseñas a ser fuerte y valiente.


Lo que yo podría decirte si tienes ansiedad, ataques de pánico o algo que no te deja avanzar: ¡VE A TERAPIA!, pide ayuda, platica con alguien lo que sientes, yo sé que a veces es difícil expresarnos porque hemos crecido pensando que la vulnerabilidad es mala y no debemos hablar de nuestros sentimientos.

¡Quítate ese chip de la cabeza!

Terapia es lo que a mí me ha ayudado, lo que me mantiene bien y estable, el encontrar un espacio en el que no se me juzgue o me hagan sentir culpable, en el que puedo mostrarme así como un ser con miedos, fallas, inseguridades, humana.


Nuestra vulnerabilidad no nos debilita, nos hace más fuertes, en todos los sentidos.

No normalicemos el sentirnos mal, el no poder estar, hay que hablar de ansiedad, de cómo se manifiesta, de los ataques de pánico, de cómo el estrés o a veces el estar tanto tiempo desocupados nos lleva a ella, hay que hablar de salud mental.

SIEMPRE.


A ti que lees esto y hoy no te sientes bien o llevas tiempo así: ¡PIDE AYUDA! puede ser un camino largo pero te prometo que no vas a estar solo.

La valentía es cuando aceptamos que no podemos solos, que hay cosas que debemos trabajar en nosotros por nosotros.

Trabaja en ti y para ti.


 
 
 

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